como se encontró el sepulcro del apóstol Tomás


Los relatos de Marco Polo entregaron a los reyes de Europa el testimonio de que en el Oriente había reyes y príncipes cristianos, había muchas comunidades cristianas de los nestorianos, y también que al sur de la India aún quedaban pueblos cristianos, discípulos del Apóstol Santo Tomás.

Estos relatos encendieron el ánimo de algunos reyes de Europa, y fueron los reyes de Portugal los que más interés pusieron en tomar contacto con estos reinos cristianos del Oriente. Así que, mientras Colón, asistido por muchos españoles, buscaba las tierras de las Indias por el camino de Occidente, las expediciones portuguesas, capitaneadas por Vasco de Gama, con mucho peligro y esfuerzo, y sobre frágiles embarcaciones, atravesaban los tormentosos mares de las costas de África, salvaban también el igualmente tormentoso cabo de Buena Esperanza, y bordeando Sumatra, y atravesando el Océano Índico, llegaban gloriosamente a las costas occidentales de la India.

Aquellas expediciones costaron muchos barcos y muchas vidas a Portugal, pero con el entusiasmo de encontrar en esos lugares hermanos cristianos, aquellos hombres llegaron a las costas de la India, y por su fe llegaron a ser temidos por muchos reinos de la India que tomaron contacto con ellos. Es posible que entre ellos fuera gente ambiciosa, pues nos dice la historia que algunos de ellos no se portaron correctamente, pero, sin embargo, el esfuerzo de los demás fue heroico y siempre se debería recordar con cariño, pues muchos misioneros y escritores han creído siempre que las comunidades de Santo Tomás, tan perseguidas cuando ellos llegaron, encontraron alivio y consuelo en estos hombres que los abrazaron como hermanos de fe, y que posiblemente los salvaron de una muerte segura porque la persecución contra ellos ella terrible en aquellos momentos.

Los cristianos de Santo Tomás recordaron a los portugueses que el cuerpo del Apóstol Santo Tomás aún seguía enterrado en las ruinas de una pequeña ermita que el mismo Apóstol construyó para que quedara siempre como símbolo de su amor a Jesucristo.

El cuerpo del Apóstol, después de ser asesinado, sus discípulos lo llevaron hasta esta ermita y allí fue enterrado. Estas noticias llegaron hasta los reyes de Portugal, y el rey de Portugal mandó una expedición con expertos para que encontraran el cuerpo de Santo Tomás, y descubrieran todas las pruebas que pudieran sobre estos hechos. Los nativos de aquel lugar, que habían guardado en su corazón siempre los detalles de estos acontecimientos, llevaron a los expertos portugueses hasta este lugar, y después de no poco esfuerzo, encontraron maravillados el cuerpo de Santo Tomás, así tal y como decían aquellos cristianos que había sido enterrado, después de ser asesinado. Más tarde, allí mismo por orden del rey de Portugal, fue construido por los portugueses y los cristianos de Santo Tomás, un templo en memoria del Apóstol, que aún existe y lleva su nombre.

Cuando encontraron el cuerpo de Santo Tomás también encontraron una cruz labrada de medio relieve que tenía sobre la punta de arriba pintada un ave, como una paloma, como representando la Venida del Espíritu Santo. Tenía también la cruz unos caracteres antiguos alrededor que, aunque los expertos enviados por los reyes los examinaron, no pudieron descifrarlos. Así es como fue llamado un anciano conocedor de las escrituras antiguas de la India, que se esforzó en descifrarlos. Aquella escritura confirmaba que allí había estado el Santo Apóstol, en aquel lugar, y que allí hizo una Iglesia y convirtió muchas almas, y entre ellos, a varios reyes de la costa Malabar y de otros lugares. Para confirmar más el resultado de este hallazgo, los portugueses buscaron a otro anciano muy docto en las lenguas de la India, que después de estudiar con detalle aquella escritura, y sin saber de la declaración del primer anciano, explicó lo que decían las palabras escritas en aquella cruz, coincidiendo igualmente con lo que había declarado el primer anciano.

Todos estos testimonios que declaran tanta gloria y tanta maravilla para el Apóstol Santo Tomás, para sus discípulos, y para los portugueses que descubrieron su sepulcro, están recogidos y explicados ampliamente en el libro Historia General de la India Oriental, compuesto por Fray San Román, que recoge los hechos de los portugueses que llegaron a la India, capitaneados por Vasco de Gama a finales del siglo XV, y que narra los hechos de los portugueses en la India hasta el año 1557. Este libro fue impreso en Valladolid en el año 1603. El citado libro es uno de los muchos libros ya casi olvidados. Está escrito en castellano antiguo, y es un libro que todo cristiano debería leer por la importante información que encierra concerniente a las comunidades cristianas antiguas del Oriente.

Gracias a los apóstoles Bartolomé, Tomás, a todos sus amigos que les acompañaron, a los hombres de buena voluntad del Oriente que les acogieron y que recibieron el Evangelio, y también a muchos misioneros caldeos, nestorianos y de otras comunidades del Oriente, todos los pueblos de Asia fueron sembrados de muchísimas comunidades cristianas y el nombre de Jesucristo fue conocido en muchísmos pueblos.

Luego aparecerían las grandes religiones del Oriente que, usando las enseñanzas cristianas, e inspirados en los apóstoles y otros cristianos, desarrollaron enseñanzas y filosofías piadosas para cautivar a muchísimas almas a estas religiones del Oriente. Muchas comunidades cristianas quedaron aisladas y rodeadas por estas nuevas formas de creencias orientales, y muchos cristianos fueron obligados a entregarse a estas filosofías, abandonando con ello, el amor que se le debe a Jesucristo y su Evangelio. Todo esto empezó a ocurrir después de que muchos pueblos de Asia conocieran el Evangelio de Jesucristo, y, si Dios no pone su mano, estas grandes religiones del Oriente acabarán con la cultura cristiana y pondrán en su lugar sus "dioses" y sus tradiciones.

Toda esta amenaza y persecución la han vivido las comunidades cristianas del Oriente durante muchos siglos, pero ésta no fue la única amenaza que vivieron los pueblos cristianos de Oriente y de Occidente, pues mientras estas cosas pasaban en Oriente, el cristianismo en Occidente era dominado por los poderosos y emperadores de Roma que, en el siglo IV, impusieron su propia religión llamada cristiana, y también impusieron sus propias biblias escogiendo, para ello, muchos libros judíos y judaizantes, para luego, por la fuerza de las armas, imponerlo todo como si fuera Palabra de Dios a todas las comunidades cristianas y a todos los pueblos cristianos. Los libros de las biblias escogidos por los poderosos del imperio romano, se escogieron en los concilios de Roma del siglo IV. Desde entonces, ya no se volvió a vivir la piadosa vida del Evangelio que vivieron los primeros cristianos, donde todo lo tenían en común y nadie usaba la espada para matar a nadie.

tomado de:
http://cristianosypaz.eresmas.com/index.htm


SOBRE LOS HECHOS DE BARLAAM Y JOSAFAT


La actividad misionera de los cristianos nestorianos siempre tuvo un contacto bastante frecuente con las Comunidades Cristianas de la India, desde los primeros siglos. Mientras esta actividad misionera cristalizaba más ampliamente en la India, centro de Asia y China, los Cristianos de Santo Tomás en la India sufrían mucha persecución, a la vez que hacían muchas conversiones, según nos cuenta la historia. Una de éstas, de la que queremos hablar ahora, es la de un príncipe indio llamado Josafat. Esta historia se cree que fue recogida por los misioneros nestorianos, y se daba a conocer seguidamente a las Comunidades Cristianas de Occidente. Según la tradición fue escrita y llevada a Jerusalén por San Juan Damasceno (siglo VII), siguiendo la tradición de los Cristianos de la India.

Barlaam, asistido por la gracia divina, convirtió al Cristianismo al príncipe Josafat, llamado también Budasaf por otros escritores, cuando ya la religión cristiana se había desarrollado grandemente en la India, y todas estas tierras estaban llenas de predicadores y de monjes.

Se conservan algunos manuscritos griegos sin datación sobre la historia de Josafat y Barlaam, que pueden remontar su antigüedad hasta el siglo X. El más antiguo de los datados que se conservan es de 1021 (ms. V. 3692 de Kíev), que fue descubierto en Odessa y que procede de Atos

Según cuentan estos hechos, un rey de la India llamado Abenner, muy enemigo por cierto de los cristianos, que no tenía hijos, después de mucho tiempo esperando un hijo, por fin la Providencia le dio uno, y le dio el nombre de Josafat. Cuando nació el niño llegaron al palacio muchos astrólogos para predecir el futuro del niño, y entre ellos el último que habló le dijo al rey que aquel niño no sería el heredero de su padre, sino que se convertiría a la religión de Jesucristo. El rey se asustó mucho por esta predicción y quiso aislar al niño del contacto de los cristianos, y para ello mandó construir un gran palacio y allí mantuvo al niño hasta que fue mayor, rodeado de placeres.

Un día, ya siendo hombre, cuando iba de paseo con unos acompañantes, encontró a dos hombres, uno de ellos era ciego y el otro leproso, y esto le produjo una gran tristeza. Poco tiempo después, paseando por el campo, encontró a otro hombre muy viejo, todo encorvado y con la cara llena de arrugas. Al ver el estado tan penoso de aquel hombre preguntó a sus acompañantes que a qué se debía tanta desgracia. Luego se preguntó a sí mismo y preguntó a los demás sobre la muerte, pero nadie le supo contestar de forma que calmara su ánimo. Y así permaneció triste mucho tiempo, hasta que un día encontró a Barlaam, Santo predicador cristiano, y encontró en este hombre todas sus respuestas. Cuando el monarca se enteró de que su hijo se había hecho cristiano calló enfermo de indignación.

Fueron muchas las cosas que intentó el rey para seducir a su hijo, pero todas estas cosas no vencieron a Josafat, pues éste pidió ayuda a Dios en la Oración y logró escaparse de todas las trampas. Después, lleno de alegría y confirmado en las enseñanzas cristianas, huyó al desierto, donde vivía Barlaam, y encontrándolo se quedó a vivir con él con mucha alegría. Estos dos cristianos llegaron a ser tan amigos, que cuando murieron los enterraron a los dos juntos. Esto fue por obra y conocimiento del rey que gobernaba aquellas tierras en aquel tiempo, llamado Baraquías.

Este pequeño relato, resumen de los hechos de estos dos santos, sólo recoge el recuerdo de unas pocas maravillas de las muchas que hizo Dios a través de ellos. Es un gran ejemplo de humildad y reconocimiento del amor que se debe a Jesucristo y a su Evangelio.

Este ejemplo también fue conocido en la India y otros lugares de Asia por grupos religiosos orientales, que tuvieron en cuenta este ejemplo para enriquecer sus enseñanzas.

tomado de:
http://cristianosypaz.eresmas.com/index.htm